El bachillerato es una etapa fundamental. Representa la toma de contacto con conocimientos complejos de forma profunda al salir del tramo obligatorio de la educación. El problema es que dotarlo de sentido por sí mismo, se torna imposible cuando fundamentas su papel en la preparación para la prueba de acceso universitario.
Me preocupa desde hace tiempo esta idea tan extendida en todas las etapas, pero especialmente en la universidad, de que hay que secuenciar, medir y, en definitiva, controlar todo lo que forma parte del aprendizaje del alumnado.
Antes del inicio de las vacaciones navideñas, un sector del twitter educativo se “echaba las manos a la cabeza” con declaraciones aparecidas en prensa sobre la necesidad de poner al alumnado en el centro del proceso de aprendizaje. Reavivando el debate «déjà vu» sobre quién debe estar en el centro de la educación: alumnado o profesorado.
A partir de la polémica sobre la duración de la educación obligatoria en nuestro país, analizo algunas de las explicaciones que se han ido vertiendo estos días para, a continuación, explicar mi postura al respecto, ahondando en ciertas cuestiones que, a mi juicio, tienen mucho que ver con las argumentaciones de ciertos relatos y que rara vez se analizan.
Mucho se habla del famoso máster de profesorado y es frecuente escuchar, de uno y otro lado, las reclamaciones que sobre él se hacen. Pero, sobre todo, parece claro que este es insuficiente para formar al profesorado de secundaria. En este artículo, analizamos las claves que, a mi juicio, están en juego en este máster.
Desde hace cierto tiempo ha empezado a cobrar fuerza en educación el discurso sobre lo que se ha venido a llamar “tolerancia a la frustración” y que, a mí juicio, ha venido a suplir ciertos vacíos y a aportar algunos matices de la ya conocida “cultura del esfuerzo”: exigencia, nivel educativo y educación emocional son algunas de las cuestiones con las que suele vincularse.
De un tiempo a esta parte, circulan mensajes muy concretos sobre la profesión docente y pese a que estos plantean el problema de la mercantilización de la educación y la precarización del profesorado, lo hacen desde una perspectiva que agrava este problema. Sin embargo, hace no tanto tiempo, existían discursos sobre la autonomía del profesorado y lo que se vino a llamar los profesionales reflexivos ¿Qué ha pasado con estos discursos? ¿Por qué esa contradicción entre los relatos sobre la mercantilización educativa?