De un tiempo a esta parte, circulan mensajes muy concretos sobre la profesión docente y pese a que estos plantean el problema de la mercantilización de la educación y la precarización del profesorado, lo hacen desde una perspectiva que agrava este problema. Sin embargo, hace no tanto tiempo, existían discursos sobre la autonomía del profesorado y lo que se vino a llamar los profesionales reflexivos ¿Qué ha pasado con estos discursos? ¿Por qué esa contradicción entre los relatos sobre la mercantilización educativa?
Desde hace un tiempo vengo observando cómo han ido apareciendo ciertos relatos educativos, especialmente en Twitter. Creo que es necesario que seamos conscientes de cómo se construyen algunos de ellos y hasta qué punto nos llevan a determinados marcos mentales.
Mientras a nivel social el imaginario sobre cómo accede el profesorado universitario, cuáles son sus condiciones laborales y cómo las realiza, se basan en una idea que se corresponde más con un modelo de universidad pretérito que con el actual, el profesorado universitario se ve envuelto cada vez más en procesos burocráticos de los que depende su estabilidad laboral y que conviene, al menos, analizar y repensar con calma.
Ante la aparición del informe de una nueva investigación sobre la Jornada escolar, ha habido estos días un debate acalorado sobre esta y sus conclusiones. Pero ¿desde qué posturas? ¿Con qué intención? ¿Por qué levanta tantas ampollas este tema de la jornada?
Sin duda, la investigación es elemental para el desarrollo, ya no sólo educativo sino humano, en general. Pero últimamente, observo con estupor cómo desde determinadas perspectivas de investigación para medir realidades complejas, se ha optado por modificar la realidad a la medida y no a la inversa. Cuestión que contribuye a añadir más dificultad aún a la comprensión del mundo educativo.
La interdisciplinariedad dentro de una organización de materias por ámbitos no es un imposible, pero hay que hacerla con ciertos mimbres, pero no es ese imposible que muchos docentes ven y critican y no tiene por qué suponer acabar con el conocimiento. Eso sí, necesita del trabajo, mano a mano, delprofesorado.
Existe un debate enquistado en educación sobre cuál debe ser el papel de la teoría y el de la práctica, sobre el papel de los teóricos y el de los prácticos. En el centro de este desencuentro, la experiencia se sitúa como un criterio de calidad. ¿Cómo se relacionan teoría y práctica? ¿Y el papel de la experiencia? ¿Tiene sentido este debate?
Existe una secuencia inalterable de pasos con los que llegar a buen puerto a la hora de educar. Por lo tanto, es en mantener estos pasos de lo que hay que preocuparse. En primer lugar, hállese qué sabe el alumnado, en segundo lugar, désele lo que necesita saber y en tercero, compruébese que lo ha aprendido y si no lo ha hecho, “refuerzo” ¿Es tan simple? ¿Qué hay detrás de este esquema?
Nunca hasta ahora, el profesorado ha tenido a su disposición tanta cantidad y con una disponibilidad tal, de artículos, investigaciones, libros, etc. Esto es, sin duda, una grandísima noticia pues permite que el conocimiento generado por la investigación educativa se incorpore a la práctica docente. No obstante, he visto de un tiempo acá actitudes que hacen que me resulte preocupante que estos “datos científicos” estén siendo utilizados muchas veces de la forma más pseudocientífica posible.
Resulta una lástima que la blogosfera educativa haya dejado atrás sus tiempos de esplendor y ya sean contados con los dedos de las manos, los blogs educativos que mantienen una actividad regular (contando con el mío al que nunca consigo darle esa regularidad).