Archivo temático sobre evaluación educativa, aprendizaje, conocimiento escolar, cultura del esfuerzo, repetición, pruebas estandarizadas, EBAU y discursos sobre el nivel educativo.
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Participación como fuente experta en un reportaje sobre desigualdad educativa, segregación escolar y reproducción de las desigualdades sociales en el sistema educativo.
“Dato no mata relato” Pero cuando esos datos se convierten en titulares, lo que se construye es un relato muy potente. La encuesta docente que ha ocupado el debate mediático en los últimos días es un buen ejemplo.
Reflexión sobre neutralidad educativa, adoctrinamiento, ideología y debate público en educación a partir del concepto de neutralidad procedimental de Lawrence Stenhouse.
Reflexión sobre cómo la cultura escolar y determinadas formas de evaluación pueden transformar desigualdades sociales en diferencias académicas presentadas como mérito individual.
Reflexión sobre la relación entre escuela, democracia y pensamiento crítico a partir de las contradicciones entre cultura escolar, obediencia, meritocracia y formación ciudadana.
Análisis del debate sobre la bajada de ratios y su relación con el rendimiento académico. Una revisión crítica de cómo se interpretan los datos y de los marcos desde los que se discute este tema.
Más allá de las lecturas apocalípticas o triunfalistas de TALIS 2024, el valor está en las claves interpretativas, no en las cifras: las que apuntan a viejos problemas que seguimos sin resolver y a los cambios que ya no pueden esperar.
En España, repetir curso es una práctica cara, ineficaz y clasista. Sin embargo, sigue instalada como dogma innegociable para parte del profesorado. ¿Por qué defendemos con pasión una medida que reproduce desigualdad y no mejora el aprendizaje?
Las pruebas estandarizadas llegaron con PISA en el 2000 y, aunque al principio fueron duramente criticadas por clasificar, segregar y mercantilizar la educación, hoy son intocables. ¿Cómo y por qué pasamos de la crítica feroz a la aceptación absoluta? En este texto, analizo los discursos que las han convertido en un dogma incuestionable en educación.
Cada vez que surge una nueva necesidad práctica, aparece la propuesta de crear una asignatura para abordarla. Este texto examina el trasfondo de estas demandas y cuestiona cómo debería estructurarse el currículo escolar y en qué deberíamos pensar para responder a los desafíos de la vida actual y preparar una ciudadanía informada y crítica.
No podemos pasarnos toda la educación obligatoria diciéndoles que hay que cuestionar las cosas mientras los procedimientos a los que los sometemos en la escuela están centrados en que repitan con la mayor fidelidad posible la información que les proporciona su profesorado como única estrategia de relación con el conocimiento
Mientras crecen exponencialmente las privadas, nosotros nos peleamos por gestionar las migajas de una universidad pública a la que se está dejando morir intencionadamente
En este entorno escolar ¿qué capital cultural aguanta pasar 6 horas al día, 5 días a la semana únicamente haciendo cosas sin sentido, sólo por la ventaja de obtener un título?
Participación como fuente experta en un reportaje sobre desmotivación en la ESO, itinerarios educativos, desigualdad social y el sentido del aprendizaje escolar más allá de la lógica de la nota.
En una encuesta reciente, aparecían datos como que el 52% de la población opina que la educación es hoy peor que ayer o que el 55% cree que el alumnado sale peor formado de la escuela
Vivimos en un momento de “cerebralización” de la educación, pero ¿Qué efecto tienen estas perspectivas “cerebrocentrícas”? En este artículo reflexionamos sobre la creciente obsesión por los datos y la neurociencia, argumentando que pueden producir una simplificación que oscurece los vitales aspectos sociales y culturales en la educación.
Todos los años por estas fechas nos encontramos de nuevo con el debate de selectividad. Un tema especialmente complejo sobre el que suele debatirse desde simplificaciones interesadas. Gracias a una investigación reciente sobre el tema, este año parece que podemos discutir sobre cuestiones de más calado.
El bachillerato es una etapa fundamental. Representa la toma de contacto con conocimientos complejos de forma profunda al salir del tramo obligatorio de la educación. El problema es que dotarlo de sentido por sí mismo, se torna imposible cuando fundamentas su papel en la preparación para la prueba de acceso universitario.
Me preocupa desde hace tiempo esta idea tan extendida en todas las etapas, pero especialmente en la universidad, de que hay que secuenciar, medir y, en definitiva, controlar todo lo que forma parte del aprendizaje del alumnado.
Antes del inicio de las vacaciones navideñas, un sector del twitter educativo se “echaba las manos a la cabeza” con declaraciones aparecidas en prensa sobre la necesidad de poner al alumnado en el centro del proceso de aprendizaje. Reavivando el debate «déjà vu» sobre quién debe estar en el centro de la educación: alumnado o profesorado.
Desde hace cierto tiempo ha empezado a cobrar fuerza en educación el discurso sobre lo que se ha venido a llamar “tolerancia a la frustración” y que, a mí juicio, ha venido a suplir ciertos vacíos y a aportar algunos matices de la ya conocida “cultura del esfuerzo”: exigencia, nivel educativo y educación emocional son algunas de las cuestiones con las que suele vincularse.
Existe un debate enquistado en educación sobre cuál debe ser el papel de la teoría y el de la práctica, sobre el papel de los teóricos y el de los prácticos. En el centro de este desencuentro, la experiencia se sitúa como un criterio de calidad. ¿Cómo se relacionan teoría y práctica? ¿Y el papel de la experiencia? ¿Tiene sentido este debate?
Existe una secuencia inalterable de pasos con los que llegar a buen puerto a la hora de educar. Por lo tanto, es en mantener estos pasos de lo que hay que preocuparse. En primer lugar, hállese qué sabe el alumnado, en segundo lugar, désele lo que necesita saber y en tercero, compruébese que lo ha aprendido y si no lo ha hecho, “refuerzo” ¿Es tan simple? ¿Qué hay detrás de este esquema?
Resulta una lástima que la blogosfera educativa haya dejado atrás sus tiempos de esplendor y ya sean contados con los dedos de las manos, los blogs educativos que mantienen una actividad regular (contando con el mío al que nunca consigo darle esa regularidad).
Pese a que no esté bien delimitado y su definición cause controversia, la cultura del esfuerzo es uno de los conceptos que más división genera entre el profesorado. Hasta qué punto es lícito pedir que el alumnado se esfuerce y qué consecuencias tiene esta exigencia.