Archivo temático sobre batalla cultural educativa, marcos discursivos, sentido común educativo, neutralidad y disputa política por el significado de la escuela.
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Participación como fuente experta en un reportaje sobre desigualdad educativa, segregación escolar y reproducción de las desigualdades sociales en el sistema educativo.
La caída de la natalidad no obliga automáticamente a recortar la educación pública. El debate de fondo es qué modelo educativo y qué proyecto de sociedad queremos construir en un contexto de descenso demográfico.
Culpar al algoritmo es fácil. Más incómodo es reconocer nuestra responsabilidad en la amplificación de discursos tóxicos dentro del debate educativo digital.
Conversación con Jaume Trilla sobre antipedagogismo, batalla cultural educativa, redes sociales, malestar docente y simplificación del debate público sobre educación.
“Dato no mata relato” Pero cuando esos datos se convierten en titulares, lo que se construye es un relato muy potente. La encuesta docente que ha ocupado el debate mediático en los últimos días es un buen ejemplo.
Conversación con Almudena Ferrero sobre inclusión educativa, conflicto entre familias y profesorado, cultura docente, redes sociales y disputa discursiva en torno a la escuela pública.
Reflexión sobre neutralidad educativa, adoctrinamiento, ideología y debate público en educación a partir del concepto de neutralidad procedimental de Lawrence Stenhouse.
Reflexión sobre cómo la cultura escolar y determinadas formas de evaluación pueden transformar desigualdades sociales en diferencias académicas presentadas como mérito individual.
Reflexión sobre la relación entre escuela, democracia y pensamiento crítico a partir de las contradicciones entre cultura escolar, obediencia, meritocracia y formación ciudadana.
Conversación con Pablo Gutiérrez del Álamo sobre el papel de los medios y los algoritmos en la construcción del relato de crisis educativa, la batalla cultural contra la escuela pública y los discursos apocalípticos sobre juventud y educación.
El problema no es que haya ideología en la escuela, sino que se oculte como neutralidad. Este texto muestra por qué el modelo educativo transmisivo adoctrina incluso cuando cree ser democrático.
Conversación con Juan Manuel Escudero sobre formación docente, innovación educativa, tecnocracia, evaluación, neoliberalismo y crisis del sentido pedagógico en las reformas educativas contemporáneas.
Mesa redonda sobre batalla cultural educativa, marcos reaccionarios, meritocracia, inclusión, malestar docente y respuestas colectivas desde una educación democrática y crítica.
Análisis crítico del informe TALIS 2024 sobre malestar docente, burocracia, autonomía profesional, cultura escolar e identidad docente más allá de los relatos simplistas sobre disciplina y motivación.
La decisión del estado de Oklahoma de imponer una prueba diseñada por PragerU a profesorado provenientes de “estados liberales” confirma lo que ya veníamos diciendo: la educación se ha convertido en uno de los frentes principales de la batalla cultural
La extrema derecha agita el fantasma del adoctrinamiento para censurar temas como la diversidad o la educación sexual. Un ataque encubierto a la escuela pública y democrática que busca imponer su ideología sin pasar por las urnas
En España, repetir curso es una práctica cara, ineficaz y clasista. Sin embargo, sigue instalada como dogma innegociable para parte del profesorado. ¿Por qué defendemos con pasión una medida que reproduce desigualdad y no mejora el aprendizaje?
La neutralidad en educación no existe. Lo que sí existe es el uso interesado de esa idea para frenar cualquier intento de pedagogía crítica, emancipadora o transformadora
Adolescencia, la impactante miniserie de Netflix, interpela con fuerza, pero también corre el riesgo de reforzar lecturas reaccionarias si no se acompaña de reflexión crítica. En este texto te propongo una mirada pedagógica, política y profundamente humana sobre lo que nos dice —y lo que calla— la escuela, la familia y la sociedad frente a la juventud
El debate educativo ha girado en torno a las condiciones laborales del profesorado, igualando perspectivas muy diferentes. Pero ¿y si eso no basta para transformar la educación? Este artículo cuestiona ese enfoque y plantea la urgencia de discutir el modelo de escuela que realmente necesitamos
El texto analiza cómo la educación se ha convertido en un frente clave en la batalla cultural y política, destacando la creciente derechización de los discursos educativos. Este fenómeno no es casual, sino parte de una estrategia consciente que busca alinear las ideas conservadoras con el sentido común de la sociedad. Se identifican peligros como la estandarización y la tecnocratización de la educación, que reducen la experiencia educativa a parámetros cuantificables, excluyendo dimensiones sociales y políticas. El autor propone una transformación profunda hacia una educación democrática basada en pedagogías críticas. Se critica el uso del cientificismo y la estandarización como herramientas para despolitizar la educación, mientras se destaca la necesidad de alfabetizar a la ciudadanía en clave educativa, similar a los esfuerzos actuales en alfabetización mediática. El texto subraya la urgencia de que los partidos de izquierda y los gobiernos democráticos comprendan el papel central de la educación para contrarrestar la derechización del pensamiento global. La educación, lejos de ser neutra, es un reflejo y un motor de las dinámicas sociales y políticas, lo que exige una revalorización de su función emancipadora y democrática.
El texto se sitúa en un momento clave de la educación, marcada por la influencia de discursos reaccionarios (racistas, clasistas, lgtbifóbicos) que han permeado el ámbito educativo. Se señala cómo la equidistancia, entendida como neutralidad, ha sido una herramienta que, lejos de ser neutral, ha favorecido la propagación de estas narrativas. A pesar de los avances legislativos en inclusión y justicia social, se observa un descontento entre el profesorado, derivado de la falta de recursos y apoyo para implementar cambios estructurales. Esto ha dejado un vacío que los discursos reaccionarios han aprovechado. El manifiesto publicado busca restaurar un espacio de debate educativo basado en el respeto y el rigor, subrayando la importancia de combatir la desinformación y polarización. No obstante, el texto también advierte contra el peligro de igualar todas las posturas y la necesidad de confrontar directamente las narrativas reaccionarias. Finalmente, el autor enfatiza que la indiferencia hacia estos discursos es una de las principales causas de su expansión, haciendo un llamado a la acción colectiva para garantizar un sistema educativo que priorice la justicia social y la pedagogía crítica.
Los discursos antipedagógicos han acompañado de forma paralela durante mucho tiempo a los discursos educativos, pero últimamente han crecido en intensidad, volviéndose cada vez más exaltados. ¿Por qué son un problema y cuál es su función?
En una encuesta reciente, aparecían datos como que el 52% de la población opina que la educación es hoy peor que ayer o que el 55% cree que el alumnado sale peor formado de la escuela
Esta coalición, a la que podríamos llamar ‘coalición de la instrucción’, tiene cada vez más recorrido en medios a izquierda y derecha, pero también en los WhatsApps de muchas familias y una parte del profesorado de secundaria.
Hace falta un esfuerzo ingente y generoso en esta dirección: ingente, porque el “sentido común” educativo es conservador. Y generoso, porque hace falta un esfuerzo conjunto de todas las fuerzas progresistas
Si cualquiera de nosotros cierra los ojos y piensa en una escuela es muy probable que la imagen mental sea ampliamente compartida, ¿a qué obedece esta universalidad de lo que una escuela es o debería ser? ¿Cómo afecta esta idea de escuela a la hora de asumir lo que es posible o imposible en un aula? A partir de estas preguntas, trato de dar respuesta a algunos de los debates permanentes en educación.
De un tiempo a esta parte, pienso de forma recurrente en aquellas ideas que forman parte del imaginario social sobre educación y que hacen que algo nos parezca aceptable o posible. Algunas de ellas, representan, a mi juicio, un serio obstáculo para la mejora y la transformación educativa. ¿Cómo cambiamos estas ideas?
Gobierno tras gobierno, parece que estamos condenados a sufrir una nueva reforma educativa para adaptar las prácticas de aula a los nuevos tiempos. Sin embargo, parece que estas siguen relativamente inalterables en el tiempo y que los temas de debate educativo son los de siempre que vuelve de forma perenne. Me pregunto ¿cuál es, entonces, el camino del cambio educativo?
Uno de los retos de mayor relevancia en nuestra época es cómo revertir pensamientos y discursos negacionistas que crean situaciones tremendamente complicadas y afectan a nuestra vida diaria. El ámbito educativo tampoco permanece ajeno a estos discursos que están alcanzando una amplia difusión. Así que la preguntas que todos nos hemos hecho en algún momento es ¿cómo cambiamos estos pensamientos? Responder a esta pregunta pasa, en mi opinión, por pensar en torno a cómo se construyen estos discursos y cuál es su origen y cualidad.
Los discursos que sostienen que todo va a peor están calando entre un profesorado exhausto por la falta de recursos, el trabajo en pandemia y la adaptación a los vaivenes normativos
Hace aproximadamente una semana, tuve una interesante conversación con un compañero (profesional de otro ámbito) sobre los discursos negacionistas. Más allá de preguntarnos en torno a su proliferación, hablamos sobre su naturaleza y componentes fundamentales que hacen muy difícil que aparezca cualquier tipo de conflicto en ellos. Esto, sumado a su naturaleza tóxica y la diseminación que encuentran en redes sociales, los convierte, para mí, en uno de los problemas a pensar detenidamente de este siglo.
Vivimos en un mundo social y político convulso y cambiante. Y este se extiende también a la educación. Ser conscientes de este nuevo escenario es crucial para poder crear marcos de pensamiento acordes a nuevas necesidades educativas y que estos sean compartidos por la sociedad y, por lo tanto, se concreten en prácticas y políticas.
El camino de la objetividad (siempre controvertida) pasa no por pretender desprendernos de la ideología (esto es imposible) sino por explicitarla de la forma más transparente posible para que cualquiera pueda examinarla, contrastarla y criticar o comprender los motivos que originan nuestras propuestas. Discutir sobre ella, ponerla en crisis, criticarla, elaborarla, re-elaborarla,… y, en última instancia, decidir si esa es la ideología que queremos que rija nuestras decisiones o si el sentido, razón, o finalidad que queremos alcanzar es el más adecuado o el que creemos que está más justificado para la decisión que estamos tomando.
Antes del inicio de las vacaciones navideñas, un sector del twitter educativo se “echaba las manos a la cabeza” con declaraciones aparecidas en prensa sobre la necesidad de poner al alumnado en el centro del proceso de aprendizaje. Reavivando el debate «déjà vu» sobre quién debe estar en el centro de la educación: alumnado o profesorado.
Desde hace cierto tiempo ha empezado a cobrar fuerza en educación el discurso sobre lo que se ha venido a llamar “tolerancia a la frustración” y que, a mí juicio, ha venido a suplir ciertos vacíos y a aportar algunos matices de la ya conocida “cultura del esfuerzo”: exigencia, nivel educativo y educación emocional son algunas de las cuestiones con las que suele vincularse.
Desde hace un tiempo vengo observando cómo han ido apareciendo ciertos relatos educativos, especialmente en Twitter. Creo que es necesario que seamos conscientes de cómo se construyen algunos de ellos y hasta qué punto nos llevan a determinados marcos mentales.