Más allá del pánico moral: Lo que oculta el tema recurrente y trillado de las pantallas
El medio es en sí mismo un mensaje ya que potencia, ofrece, una manera de entender y relacionarse con el mundo.
El medio es en sí mismo un mensaje ya que potencia, ofrece, una manera de entender y relacionarse con el mundo.
Hace falta un esfuerzo ingente y generoso en esta dirección: ingente, porque el “sentido común” educativo es conservador. Y generoso, porque hace falta un esfuerzo conjunto de todas las fuerzas progresistas
Vivimos en un momento de “cerebralización” de la educación, pero ¿Qué efecto tienen estas perspectivas “cerebrocentrícas”? En este artículo reflexionamos sobre la creciente obsesión por los datos y la neurociencia, argumentando que pueden producir una simplificación que oscurece los vitales aspectos sociales y culturales en la educación.
Si cualquiera de nosotros cierra los ojos y piensa en una escuela es muy probable que la imagen mental sea ampliamente compartida, ¿a qué obedece esta universalidad de lo que una escuela es o debería ser? ¿Cómo afecta esta idea de escuela a la hora de asumir lo que es posible o imposible en un aula? A partir de estas preguntas, trato de dar respuesta a algunos de los debates permanentes en educación.
De un tiempo a esta parte, pienso de forma recurrente en aquellas ideas que forman parte del imaginario social sobre educación y que hacen que algo nos parezca aceptable o posible. Algunas de ellas, representan, a mi juicio, un serio obstáculo para la mejora y la transformación educativa. ¿Cómo cambiamos estas ideas?
Gobierno tras gobierno, parece que estamos condenados a sufrir una nueva reforma educativa para adaptar las prácticas de aula a los nuevos tiempos. Sin embargo, parece que estas siguen relativamente inalterables en el tiempo y que los temas de debate educativo son los de siempre que vuelve de forma perenne. Me pregunto ¿cuál es, entonces, el camino del cambio educativo?
Uno de los retos de mayor relevancia en nuestra época es cómo revertir pensamientos y discursos negacionistas que crean situaciones tremendamente complicadas y afectan a nuestra vida diaria. El ámbito educativo tampoco permanece ajeno a estos discursos que están alcanzando una amplia difusión. Así que la preguntas que todos nos hemos hecho en algún momento es ¿cómo cambiamos estos pensamientos? Responder a esta pregunta pasa, en mi opinión, por pensar en torno a cómo se construyen estos discursos y cuál es su origen y cualidad.
Los discursos que sostienen que todo va a peor están calando entre un profesorado exhausto por la falta de recursos, el trabajo en pandemia y la adaptación a los vaivenes normativos
Todos los años por estas fechas nos encontramos de nuevo con el debate de selectividad. Un tema especialmente complejo sobre el que suele debatirse desde simplificaciones interesadas. Gracias a una investigación reciente sobre el tema, este año parece que podemos discutir sobre cuestiones de más calado.
Hace aproximadamente una semana, tuve una interesante conversación con un compañero (profesional de otro ámbito) sobre los discursos negacionistas. Más allá de preguntarnos en torno a su proliferación, hablamos sobre su naturaleza y componentes fundamentales que hacen muy difícil que aparezca cualquier tipo de conflicto en ellos. Esto, sumado a su naturaleza tóxica y la diseminación que encuentran en redes sociales, los convierte, para mí, en uno de los problemas a pensar detenidamente de este siglo.
Últimamente dedico mucho tiempo a pensar en esto que yo llamo “clasismo científico” y su deriva en un “clasismo disciplinar”. Me preocupan sus efectos directos – y los no tan explícitos – en la educación como campo de estudio en general y en la práctica diaria de aula en particular. ¿Hasta dónde esta manera de entender la ciencia que tenemos inoculada culturalmente afecta a la concepción de lo que es o debe ser la educación?
Mesa redonda sobre inteligencia artificial generativa y docencia universitaria.